Colombia

La protección de la salud o el impulso a la economía no son una disyuntiva en los tiempos del Covid-19

Pinterest LinkedIn Tumblr

Considerar que proteger la salud o impulsar la economía son contrarios en estos momentos y constituyen una especie de «trade off» es un error.

Hundir la economía para salvar la salud es un absurdo porque la salud se vería afectada si se hunde la economía. Si se hunde la economía, aumentará la pobreza, la delincuencia y la lucha por la sobrevivencia podría tener dimensiones catastróficas y violentas; y si no se mueren personas del coronavirus morirán de hambre, sobre todo en países subdesarrollados. Entonces, no es una opción desatender la economía.

Despreocuparse de la salud y priorizar la producción a toda costa, lamentando la pérdida de vidas en una especie de solución darwiniana, no solo es absurdo sino también criminal e inhumano.

Ahora bien, muy probablemente, tendremos un escenario en el que el equilibrio macroeconómico y la eficiencia a ultranza, pasen a un segundo plano, frente a la necesidad de evitar el colapso. Muy probablemente nos demos cuenta que la economía tiene rostro humano y debe propender a generar mayor bienestar social y que ésta le debe servir a la humanidad y no que la humanidad le sirva a una economía «sin rostro humano», en la que el dinero es objeto de adoración y endiosamiento.

Hemos tenido un claro ejemplo de lo grave que puede ser una situación como la que vivimos y que en 2014 preocupaba al entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama y era parte del fundamento de su propuesta de establecer un programa público obligatorio de salud en ese país. Si fue o no el programa conveniente ya esa es otra historia.

Los economistas, como cientistas sociales, debemos incorporar esta situación ya real en nuestros modelos de análisis. En la época de la «peste negra» del siglo XIV era imposible hacerlo. No existían estadísticas ni la economía era una profesión. Ahora estamos ante una realidad distinta y tenemos que ser capaces de proponer políticas públicas que permitan a la sociedad protegerse del impacto negativo de este tipo de crisis.

Mientras los científicos no encuentren la vacuna o no logren producir anti-virales adecuados, al parecer estaremos ante la posibilidad real de otra explosión pandémica. A nivel social parece que tendremos que aprender a vivir de una manera diferente, a mantener un «cierto distanciamiento social».

En el caso particular de Colombia, que es el país en el que vivo, me preocupan varias cuestiones: 1) la indisciplina y la irresponsabilidad de muchas personas parece no tener clara la dimensión de lo que se está viviendo y están exponiéndose excesivamente y exponiendo a los demás con sus actitudes, 2) el hecho de que no haya habido -hasta ahora- una explosión de la pandemia, sumado a una evaluación incorrecta de lo que dicen los especialistas, puede llevar al gobierno a confiarse en demasía y relajar las exigencias del confinamiento y entonces si se produciría esta explosión, 3) no veo que se hayan adoptado las medidas necesarias para hacer pruebas diagnósticas, todo lo masivo que se pueda, para poder atender la enfermedad con mayor eficacia, 4) no veo que se adopten medidas para habilitar unidades de cuidados intensivos adicionales en caso de resultar necesarias, entre otras cosas.

Por otra parte, desde el punto de vista de la política pública, ha quedado claro algo que debería ser evidente para cualquier ser humano, con independencia de su posición social, y es que la salud es lo más importante y por ello, debería ser un derecho humano y no una mercancía, y ello implica disponer de un sistema de salud pública de calidad y cubrimiento universal, con profesionales altamente calificados y bien pagados y con el uso de tecnologías de vanguardia. Esto es más importante para la economía de cualquier país que cualquier otra cosa porque la vida, y el bienestar de los seres humanos, deberían ser el objetivo principal de cualquier sistema económico y político. Los seres humanos deberíamos entender que el bienestar individual no se logra a costa del bienestar social sino que gracias al bienestar social, se logra un bienestar individual mucho más seguro.

Esto nos lleva, nuevamente, a la necesidad eterna del debate sobre los modelos de desarrollo y sobre los objetivos de la política de desarrollo y de la política pública. Fukuyama se equivocó cuando declaró que había llegado el «fin de la historia». El modelo neoliberal ha quedado expuesto como inviable y como insostenible en el objetivo de conducir al bienestar.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

Escribe un Comentario