Cuba

Elecciones de 2018 en Cuba. Un viejo sistema en medio de nuevas realidades. Contribución al debate sobre reformas necesarias

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Han tenido lugar en Cuba las elecciones para la conformación de la Asamblea Nacional del Poder Popular, integrada por 605 diputados para un período de cinco años; así como a las Asambleas Provinciales de las 15 provincias, para un período de dos años y medio.

El sistema electoral cubano establece que los electores de cada municipio eligen sus diputados dentro de una lista cerrada que es construida por una Comisión Nacional de Candidatura a partir de las propuestas de las Asambleas Municipales, así como del Partido Comunista de Cuba (PCC) y las diversas “organizaciones de masas”. Así las cosas, ningún ciudadano cubano puede presentarse como candidato a diputado de forma independiente, mucho menos representando a otro tipo de partidos u organizaciones sociales que no están permitidas. En consecuencia, este órgano, que la constitución define como el “supremo del poder del estado…” (art. 67), está compuesto por un solo color político y, lamentablemente, en lugar de ejercer rol que la constitución le da, simplemente ratifica “de manera unánime” lo que propone el PCC o el Consejo de Estado, que siempre ha estado integrado por dirigentes del PCC.

Por estas razones, esta elección no genera mayores expectativas en muchas personas, más allá del hecho de que Raúl Castro no continuará en la presidencia del Consejo de Estado y, por tanto, del Gobierno, a partir del 19 de abril de 2018, aunque seguramente continuará como Primer Secretario del Comité Central del PCC, lo cual indicaría el inicio de una transición en el liderazgo de la generación histórica que dirigió la Revolución a otra que nació con la Revolución y que en la actualidad ronda entre los 50 y 60 años de edad. Su composición no producirá una modificación en la estructura de poder del país y todo podría ser “más de lo mismo”.

Los dirigentes cubanos no han advertido o no quieren reconocer que Cuba no es la misma y siguen actuando como si Cuba todo fuera igual.

La actual dirección del país, integrada, en su mayoría, por personas de la tercera y hasta de la cuarta edad se niega a hacer profundas reformas que conduzcan a la sostenibilidad del socialismo y ha sido incapaz de producir los cambios más importantes que requiere el país desde el punto de vista político, económico y social. Si se pudiera caracterizar la dinámica del país habría que decir que la característica fundamental es el inmovilismo. La mayor parte de los lineamientos para el desarrollo económico y social aprobados en los dos últimos congresos del PCC siguen sin cumplirse, y muchos de ellos ni siquiera han comenzado a ser abordados. Algo muy parecido ocurrió en la Unión Soviética y en los países de Europa Oriental del llamado “socialismo real” en la primera mitad de los años 80 del siglo XX. El sistema centralizado estaba agonizando y los dirigentes no eran capaces de reformarlo. Esa excesiva rigidez llevó a que fuera imposible reformarlo y por eso se hundió.

Después de más de cuarenta años y teniendo en cuenta los cambios que se han producido en el mundo e incluso en la sociedad cubana, pareciera necesario producir un cambio sustancial en el ordenamiento constitucional de Cuba.

¿Cuáles serían los elementos fundamentales de una profunda reforma a la Constitución o incluso una nueva Constitución? Aquí se adelantan algunas ideas:

1. Supresión del Artículo 5 de la Constitución en el que se consagra que “el Partido Comunista es la fuerza dirigente de la sociedad”. Ningún partido, sea cual fuere, debe tener garantizado ese reconocimiento constitucional. La forma de ganar el derecho a ejercer la dirección de una sociedad debería ser una victoria en elecciones, en las que el pueblo soberano, de forma libre, decida quien merece ese derecho. En consecuencia, deberían suprimirse las referencias de los artículos 6 y 7 que derivan del anterior. El artículo 7 debería modificarse en el sentido de que el Estado debería garantizar la libre asociación política y la igualdad de derechos a las organizaciones sociales y políticas surgidas libremente de la voluntad popular.

2. El artículo 8 debería ser modificado, suprimiendo el adjetivo de “socialista” del Estado. El Estado no debería tener color político, debería ser, simplemente, el Estado y, en consecuencia, debería reemplazarse cualquier referencia al “Estado socialista” por el “Estado”. Creo que una modificación de esta naturaleza bien vale una pregunta de referendo, para que sea el pueblo quien decida si a estas alturas debe mantenerse o no ese apellido.

3. En el Capítulo 1, dedicado a los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, debería considerarse el rol social de las diversas formas de propiedad, incluyendo la privada y garantizarse la inviolabilidad de todas las formas de propiedad y su protección por parte de la ley.

4. Debería modificarse el artículo 32 que, en su inciso a), que establece que “pierde la ciudadanía cubana quien adquiere una ciudadanía extranjera”. La realidad de hoy es que gran parte de la población cubana que se ha radicado en el exterior ha adquirido otras nacionalidades. Es más, muchos cubanos residentes en Cuba han adquirido la nacionalidad española en virtud de las leyes de nacionalidad de ese país que ha amparado a los nietos de los nacidos en España. El gobierno cubano, por su parte, exige a todos los cubanos residentes en el exterior con otras nacionalidades entren a Cuba con pasaporte cubano porque ello le reporta ingresos notables al Estado cubano, cuyo pasaporte es uno de los más caros de mundo, si no el que más. Entonces, para ser coherentes, la Constitución debería reconocer la doble nacionalidad.

5. Reforma del artículo 34 que establece que “la Familia es la unión voluntariamente concertada de un hombre y una mujer…” Esa definición es supremamente conservadora. Muchos países democráticos han dado un paso importante hacia el progresismo en el sentido de reconocer que la Familia puede ser una unión voluntariamente concertada entre dos personas. Así de sencillo.

6. El artículo 52 debería ser modificado. En su redacción actual, ese artículo reconoce el derecho de los ciudadanos a la libertad de palabra y prensa “conforme a los fines de la sociedad socialista” y, obviamente, no aclara quien determina esos fines. Por otra parte, define en el epígrafe 2 que “la ley regula el ejercicio de estas libertades”. Ya sabemos que le ley ha establecido unas normas que impiden el libre ejercicio de estas libertades.

7. Es necesario que se establezcan los mecanismos para cumplir el artículo 66, especialmente en lo referente a la rendición de cuentas de los elegidos ante sus electores. Hasta ahora, los únicos que rinden cuenta son los delegados municipales que son, precisamente, los que carecen de los recursos para poder ejercer su labor. Creo muy importante que los ministros del gobierno rindan cuenta de su labor , ante la Asamblea Nacional y que el gobierno en pleno lo haga y que los electores reciban rendición directa de cuentas de sus diputados. ¿Cuántas leyes propusieron? ¿Cómo votaron frente a tal o cual proyecto de ley? ¿De qué forma las “masas populares” ejercen control sobre la actividad de los órganos estatales, de los diputados, de los delegados y de los funcionarios? Estas son preguntas que aún no tienen respuesta en el sistema político cubano.

8. La Constitución define a la Asamblea Nacional como el órgano supremo del poder del Estado pero en realidad esto no es cierto. Ni siquiera el Partido Comunista lo es. El verdadero poder reside en el Buró Político del Comité Central que “recomienda” cambios de ministros y designaciones. La Asamblea Nacional, o algún diputado de forma individual, han rechazado jamás proyecto alguno presentado por el gobierno, y salvo en algunos casos específicos, no han existido debates importantes sobre leyes ni han cuestionado decisiones del Consejo de Estado, las cuales, se supone deben ser puestas a la consideración de la Asamblea. En las últimas legislaturas, la Asamblea Nacional ha dejado en manos del Consejo de Estado una importante función constitucional, la designación del Consejo de Ministros (artículo 73, inciso ll.). En realidad, sería conveniente una reforma muy profunda del sistema de instituciones gubernamentales del país. La estructura actual es muy parecida a la que existió en los países del llamado “socialismo real” pero no necesariamente debe ser la más adecuada, sobre todo si se tienen en cuenta las condiciones actuales del país. En principio, podría ser conveniente que los diputados a la Asamblea Nacional fueran profesionales, es decir, dedicarse plenamente a la actividad legislativa y no, como ocurre hoy día en que estas actividades son secundarias a las otras que requieren su mayor dedicación. Esa nueva Asamblea Nacional debería ser mucho más pequeña que la actual y debería ser elegida en circunscripciones uninominales, de forma que los diputados fueran directamente responsables ante sus electores. No deberían ser diputados los que desempeñen funciones ejecutivas en el Estado, el Gobierno, las Fuerzas Armadas, los organismos de seguridad, los gobiernos territoriales, o en empresas de cualquier tipo de propiedad. En caso de que se suprima el Consejo de Estado, el Presidente debería ser elegido por sufragio universal directo y secreto por el pueblo en elecciones libres. Debería existir una separación clara de funciones entre quienes desempeñan funciones ejecutivas, legislativas, judiciales o económicas. Por otra parte, en las Provincias y los municipios deberían separarse las funciones entre el gobierno territorial y las asambleas territoriales.

9. La Constitución debería reconocer la realidad de que casi uno de cada cinco cubanos vive en el exterior y mantiene vínculos con su país. Debería reconocerse el derecho de los cubanos residentes en el exterior a elegir y ser elegidos para las diversas posiciones electivas del país, siempre que cumplan con las leyes y con la Constitución.

Son solo algunas ideas. El país está urgido de una nueva institucionalidad que incluya a toda la Nación.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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