Cuba

Entrevista de Cuba Posible sobre el emprendimiento y el papel de los sectores público y privado en la economía cubana actual

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¿Considera Ud. que los tres documentos básicos que delinean la estrategia económica oficial (Lineamientos, Conceptualización, y Plan hasta 2030), definen bien la función diferenciada de un “sector público” y de un “sector privado” en Cuba?

El sector privado, como tal, no es reconocido aún con la fuerza necesaria en los principales documentos programáticos de la economía cubana. Se habla eufemísticamente del “sector no estatal”, en el que se engloban el sector privado, el sector de propiedad mixta y el cooperativo. Considero que falta un reconocimiento claro de las ventajas posibles que puede tener para la economía cubana un sector privado pujante, con responsabilidad social, y comprometido con el desarrollo económico del país. En la “Conceptualización” se define que la propiedad privada tendría un “papel complementario” y los actores económicos del sector privado se definen como un “elemento complementario, facilitador de bienestar…” Por otra parte, se establece una limitación al tamaño de las empresas de esta naturaleza a nivel de microempresa y empresas de pequeña y mediana escala. En declaraciones de varios de los principales dirigentes del país se ha dicho, insistentemente, que en Cuba se mantendría el predominio absoluto del sector estatal en la economía y, con esto, la estrategia económica oficial cubana se ha desmarcado de la que siguieron, en su momento, China y Vietnam, países en los que existe un muy pujante sector privado en la economía, con una contribución notable al empleo y al crecimiento económico. En tal sentido, es evidente que los documentos programáticos sobre el modelo económico y social cubano otorgan solo un papel complementario y subordinado al sector privado, desconociendo el rol que podría desarrollar, tanto en la generación del crecimiento económico, el empleo, así como en la generación de recursos fiscales adicionales que podrían revertirse en el bienestar de la población.

Tomando en cuenta la relevancia que le conceden los especialistas al mercado laboral en materia de inclusión social, ¿cómo debería evaluarse integralmente la expansión de la actividad privada, la cual es frecuentemente asociada con procesos de desigualdad social?

No cabe duda de que la existencia del sector privado genera diferenciación social. En principio, esto no tiene que ser considerado como algo negativo si no llega a niveles escandalosos; sobre todo si esta diferenciación se produce en condiciones de igualdad de oportunidades. Yo no considero negativo que el emprendimiento sea premiado con un mayor bienestar si ello también está representando un riesgo para el emprendedor. Sin embargo, la teoría económica enseña que la diferenciación social es uno de esos “fallos del mercado” que puede ser corregido por la actividad reguladora del Estado. Con una adecuada política impositiva el Estado debe captar recursos sin desestimular el emprendimiento, y al mismo tiempo, producir la redistribución de la riqueza a través de los mecanismos del gasto público, así como mediante la provisión de bienes públicos y servicios sociales. En tal sentido, una mayor dinámica del sector privado, requiere de un funcionamiento mucho más libre de diversos mercados tales como el mercado laboral, el mercado mayorista, el mercado minorista de bienes y servicios, inmobiliario, financiero, entre otros. Estos mercados pueden funcionar libremente pero con regulación estatal. Es necesario hacer distinción entre actividad reguladora y actividad controladora del Estado. Bienvenida una regulación adecuada, pero no un excesivo control que estrangule la iniciativa empresarial.

En un escenario donde un alto por ciento del empleo y de los ingresos familiares se originaría en el sector privado, ¿qué tipo de nuevas funciones debería asumir el sector público para garantizar la equidad social?

Recuerdo que cuando estuve en Vietnam por primera vez, en 2010, notamos la diferencia abismal en la calidad de los servicios en los hoteles privados y los que pertenecían al Estado, siendo muchísimo mejores los privados. La equidad social puede lograrse con políticas regulatorias claras. Con un sistema de impuestos eficaz que combine la necesidad de recaudación con el estímulo a la actividad económica. Así, en la medida que esta progrese, el Estado dispondría de recursos para redistribuir. Redistribuir riqueza con un criterio sensato es mucho mejor que redistribuir pobreza. Y el criterio sensato es aquel que busca evitar la pobreza crítica y reducir la pobreza en general, sin que se limite o coarte el enriquecimiento lícito. En Cuba, lamentablemente, el enriquecimiento es mal considerado y, a menudo, perseguido; no debería ser así si este es el resultado del esfuerzo, la iniciativa y el emprendimiento. La prosperidad es una aspiración humana natural y si esta es el resultado del esfuerzo, el ingenio o el emprendimiento (y no de la explotación de sus semejantes), debería ser bienvenida. Para ello, sería necesario establecer un marco legal que garantice la prosperidad en igualdad de condiciones y no uno que permita que unos lo logren con prebendas y “contactos” e incluso “vínculos familiares” y otros no tengan acceso a esa posible prosperidad por carecer de estos.

Usualmente se aborda lo político en relación con el sector privado desde la perspectiva del eventual “impacto” de este sobre la vida política. ¿Habría necesidad de considerar algún “impacto” en sentido inverso –de la política hacia la economía‒ para asegurar que el sector privado pudiese cumplir su función en un modelo socialista “actualizado”?

No cabe duda que el desarrollo del sector privado tendrá un impacto político en el país. Como contra-argumento podría citarse el caso de China y de Vietnam, países en los que el sector privado es pujante y esto no ha significado un reto político al control hegemónico de los respectivos Partidos Comunistas en el poder. Sin embargo, políticamente, ambas sociedades han cambiado. En el XVI Congreso del Partido Comunista Chino (2002), el entonces máximo dirigente, Jiang Zemin, lanzó la peregrina teoría de los Tres Representantes, que servía para justificar la inclusión de la naciente clase empresarial privada china, formada por hombres y mujeres de negocios, dentro del Partido Comunista, asumiendo que esta fuerza política está en capacidad de aglutinar, como partido, a todas las fuerzas sociales chinas. En el fondo, Jiang estaba actualizando la idea de Mao Zedong sobre la “Nueva Democracia”, con la cual fundamentó la composición social de las fuerzas que llevaron a cabo la revolución china. No obstante, es una realidad que la diferente posición frente a la propiedad de los medios de producción suele condicionar los intereses económicos y políticos en cualquier sociedad. Lo que ha sucedido en China y en Vietnam es que la naciente clase empresarial se ha “acomodado” a las condiciones que les ofrecen ambos gobiernos que toleran su enriquecimiento, a veces no precisamente garantizando derechos laborales, a cambio de la aceptación tranquila por parte de dicha clase de las reglas del juego y las limitaciones impuestas por el sistema político y la inamovilidad de este. ¿Es eso lo que yo desearía para Cuba? Mi respuesta es NO. De hecho, no creo que la existencia de un sistema político basado en el monopolio del poder político por parte de un partido, llámese como se llame, tenga la ideología que tenga, sea el mejor sistema político para Cuba, sobre todo si ese partido no es realmente democrático en su vida interna.

La sociedad moderna se vuelve cada vez más plural y esa pluralidad se traduce en todas las áreas de la vida humana, desde la cultura al pensamiento y a la actividad política misma. Esta realidad puede ser negada hasta un momento en el que cobra toda su dimensión y no siempre se canaliza por los cauces adecuados. Por eso, lo más inteligente es asumir las nuevas realidades políticas y actuar en consecuencia. Una sociedad en la que el sector privado tenga una presencia más dinámica en la economía se traducirá en la necesidad de reconocer la diversidad política porque el Estado (dominado hegemónicamente por una fuerza política hasta el momento) carecería de los recursos para mantener su actual control excesivo sobre la vida de los individuos. Y, con toda sinceridad, considero que esa pluralidad debería ser bienvenida, aunque ello implique una nueva correlación de fuerzas en la sociedad.

A fin de cuentas, es a la sociedad a quien le corresponde decidir qué sistema político es el mejor para cada país y, para ello, debe poderse expresar de forma libre. Respecto al tema del “modelo socialista actualizado” creo que es un tópico que aún debe ser discutido más abiertamente. En mi opinión, este no es un tema agotado. En la lógica conceptual que se nos presenta en el discurso oficial, el “socialismo” se asume como un sistema en el que predomina la propiedad social y se hace una identidad conceptual entre propiedad social y propiedad estatal, a partir de considerar al Estado “socialista” como “Estado de todo el pueblo”. Esa lógica tiene un punto débil que tiene que ver con los mecanismos a través de los cuales esa propiedad social se realiza. Si no existen en la sociedad mecanismos de control y supervisión social sobre la forma en la que se administra esa propiedad social que, aparentemente, es “de todos”, la propiedad termina siendo “de nadie” y, en consecuencia, es pasto de la negligencia, el derroche, la dilapidación y la ineficiencia.

Mi idea del socialismo no es la de un socialismo “estatista”, sino de una sociedad en la que el Estado represente los intereses de todo el pueblo y este último posea los mecanismos para controlar y fiscalizar la administración de la propiedad de toda la sociedad. Y para ello, la sociedad debe contar con los mecanismos para elegir y revocar libremente a quienes van a administrar la propiedad del pueblo en su nombre. Mi idea del socialismo es la de una sociedad que encuentre el camino del progreso y de la prosperidad en libertad, en la que se reconozca el emprendimiento, la iniciativa, el esfuerzo y, al mismo tiempo, se asegure la vida digna de los desvalidos y en la que se reconozca y se respete la diferencia. Con toda sinceridad, no creo que estas ideas queden así de claras en la “conceptualización” del modelo socialista cubano. De hecho, según lo veo, estamos bastante lejos de ello. No digo que esta idea sea la “verdad absoluta”, pero me gustaría poder discutirla y argumentar mi punto de vista.

Tomado de Cuba Posible.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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