Estados Unidos

En las guerras comerciales solo hay perdedores

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Hace unos días, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, decidió establecer aranceles extraordinarios a las importaciones de acero (25%) y de aluminio (10%) y, con su acostumbrado desenfado, declaró que «las guerras comerciales son buenas y pueden ser ganadas».

La medida afecta a los principales suministradores de estos productos en el mercado estadounidense, sin embargo, el más importante de ellos en ambos productos es Canadá, el cual goza junto a México, por ahora, de las ventajas del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) que aún no ha sido desmontado y cuya renegociación está empantanada. Con lo que parece que no cuenta Trump es que esta decisión afectará a las industrias norteamericanas que usan ambos productos como insumos, cuyos costos de producción se elevarán y su competitividad internacional se verá afectada.

En el caso del acero, los principales suministradores en 2017 fueron: Canadá (18,3%), Brasil (10,2%), Rusia (9,2%) y Corea del Sur (4,9%), mientras que la Unión Europea, en conjunto, suministró el 18,9% del total. En el caso del aluminio, fueron: Canadá (36,3%), China (15,1%), Rusia (7%), Emiratos Árabes Unidos (6,5%) y México (4,3%), y la Unión Europea que, en su conjunto, aportó el 8,1% del total. En principio, estos aranceles tampoco afectarían las exportaciones colombianas que en 2017 alcanzaron un valor de 159 millones de dólares para los productos de aluminio y 41,3 millones para el caso de productos de la fundición de hierro y acero ya que Colombia también cuenta con un acuerdo de libre comercio. Por otra parte, llama la atención que en 2017 las importaciones de acero representaron el 1,2% del total de importaciones de Estados Unidos y en el caso del aluminio, solo el 1,0%. Es decir, no constituyen productos que participen de forma importante en el abultado déficit comercial norteamericano que el año pasado alcanzó 862 mil millones de dólares.

La decisión ha provocado reacciones negativas tanto internas como externas. En el frente doméstico, condujo a la renuncia de su asesor económico Gary Cohn, y el desacuerdo explícito del líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Paul Ryan. En el externo, la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, declaró que una medida de esa naturaleza encontraría una respuesta recíproca de la Unión Europea, que afectaría a diversos productos estadounidenses. Es decir, sería el inicio de una guerra comercial que enfrentaría a dos de los principales actores del comercio internacional pero que afectaría a la economía mundial en su conjunto, dados los altos niveles de internacionalización de los procesos productivos.

La experiencia histórica muestra que las guerras comerciales tienen efectos nocivos no sólo sobre el comercio sino también sobre el crecimiento y el empleo. Las políticas de «empobrecer al vecino» han terminado empobreciendo a todos, porque generan costos excesivos e ineficiencia. En las décadas de los años 80 y 90 del siglo XIX, las sucesivas guerras comerciales entre las diversas potencias europeas enrarecieron el clima internacional que, unido a sus apetitos imperialistas, condujo a la Primera Guerra Mundial de 1914-18. La promulgación en EE. UU. de la Ley Arancelaria Smooth-Hawley en 1930, en medio de la Gran Depresión, desató una guerra arancelaria con los países europeos que agravó la contracción de la economía mundial, generando solo perdedores y ningún ganador.

Finalmente, las medidas aislacionistas de Trump podrían conducir a la pérdida de liderazgo de Estados Unidos en las relaciones económicas internacionales, cediendo espacio, sobre todo, a China y a la Unión Europea, cuyas políticas económicas externas favorecen una posición más orientada al multilateralismo que inspira el sistema económico internacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Con ello, no hace más que desconocer las enseñanzas de la teoría económica y de la historia.

Publicado por El País de Cali, 14 de marzo de 2018.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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