Estados Unidos

Intolerancia y racismo corriente en Estados Unidos

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Lo que está sucediendo en Estados Unidos es verdaderamente vergonzoso y al mismo tiempo, preocupante. Vergonzoso porque que en el comienzo de la tercera década del siglo XXI, en uno de los países que hizo de la libertad una divisa, sigan produciéndose casos de virtual linchamiento de personas de raza negra por parte de una policía que asume que el hecho de ser negro es razón para sospechar es inadmisible, pero además debe caer sobre los responsables todo el peso de la ley. Pero lamentablemente, el racismo tiene raíces muy profundas en ese país.

En mi opinión, hay un inmenso racismo tanto en los sectores más reaccionarios de la población blanca hacia los negros como en sectores de la población negra, en el fondo, también reaccionaria (porque el racismo, venga de donde venga, es reaccionario) hacia los blancos. La diferencia está en las causas.

En el caso del racismo blanco deriva de una cultura de supremacismo, de exclusión y de sometimiento a la población negra desde los tiempos de la esclavitud y que se mantuvieron por muchos años después del fin de la Guerra de Secesión. Durante el siglo XX se hicieron habituales las dantescas escenas de linchamientos de personas negras en los territorios del sur que contaban con la complicidad de las autoridades políticas, policiales e incluso de la justicia local. Tuvieron que pasar 100 años desde el fin de la guerra para que un presidente, Lyndon B. Johnson, firmara la ley de derechos civiles y ordenara el fin de la segregación racial en los Estados del sur. Pero los decretos no cambian mentalidades y la mentalidad supremacista y de explotación está aun muy arraigada y ha pasado de generación a generación.

En el caso de sectores de la población negra se ha fomentado también un racismo hacia la población blanca (mucho menos numeroso, por cierto) que resulta precisamente del rechazo a la humillación, al sometimiento y al no reconocimiento de los más elementales derechos humanos por parte del racismo blanco en el poder político y económico. Pero aunque resulta explicable por los efectos de las políticas de exclusión, es igualmente inadmisible porque muchas veces toma expresiones también violentas contra población blanca inocente.

Es inadmisible que un policía asesine a una persona por solo sospechar que ha cometido un delito, e incluso es inadmisible que aunque fuera un delincuente capturado in fraganti (que no fue el caso de Floyd), en una sociedad civilizada y en un Estado de derecho ocurra esto, y para colmo con la complicidad de compañeros de cuerpo. Pero también es inadmisible que en respuesta a este crimen se desaten vandalismos contra ciudadanos sencillos, contra comerciantes y contra establecimientos privados.

Estados Unidos es el país con mayor nivel de desigualdad entre las economías avanzadas. Si consideramos el Índice de Gini, que mide el nivel de desigualdad en la distribución del ingreso, se asume que un nivel relativamente equitativo es el que está entre 0,250-0,300. Estados Unidos tiene 0,415 en el promedio de los años 2010-17, y es el más alto nivel de desigualdad entre las naciones desarrolladas económicamente. Eslovenia lo tiene en 0,254, Chequia en 0,259, Eslovaquia en 0,265, Finlandia en 0,271, Noruega en 0,275, Bélgica en 0,277, Islandia en 0,278, Países Bajos y Dinamarca en 0,282, Suecia en 0,292. Solo al norte de los EEUU, Canadá muestra un índice de 0,34, mientras Japón muestra un índice de 0,321, Alemania 0,317, Francia 0,327, Reino Unido 0,332, Italia 0,327. (UNDP, HDR 2019)

El indicador de desigualdad de EEUU es mayor al de países como Argentina, Filipinas, Kenya, y muchos otros países en desarrollo, y ligeramente inferior al de Turquía. Esa desigualdad no es solo evidente en términos de ingreso sino también en oportunidades de acceso a la educación y por tanto al progreso en la movilidad social, a pesar de que existen ciertos programas de discriminación positiva. ¿Y quiénes son los que reciben el peso de ese nivel de desigualdad en EEUU? La población negra y la población latina sobre todo y además de ellos, las mujeres y si para colmo son negras o latinas, peor.

Todo esto es una señal del inmenso grado de crispación en el que está la sociedad estadounidense, como resultado del enrarecimiento del clima político y del nivel de división e intolerancia que ha generado el presidente de ese país con sus actitudes. A partir de su presidencia y amparados en ese discurso de intolerancia y de exclusión han reaparecido incluso los miembros de sectas terroristas como el Ku Klux Klan que estaban agazapados esperando contar con el clima favorable a su resurgimiento público.

La violencia indiscriminada es reprochable porque desnaturaliza las justas demandas de quienes exigen ponerle fin a este tipo de procedimientos ilegales. Es absolutamente injustificable destrozar edificios, autos, tiendas o lo que sea. Sin embargo es un claro indicador de que hay un estallido social de proporciones inmensas que es expresión del nivel de enfrentamiento político, en gran medida promovido desde la Casa Blanca. Al parecer, desde el primer día de su mandato, Donald Trump decidió que él no sería el presidente de todos los estadounidenses sino de aquellos que le apoyan y aceptan ciegamente lo que él decide. Es lo que hay. Lo bueno es que si ese estado de cosas se mantiene o cambia depende de lo que los votantes decidan el próximo 3 de noviembre.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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