Europa

El derrumbe del Muro de Berlín

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Un día como hoy, hace 30 años, se puso fin a una ignominia. Se abrió el Muro de Berlín y comenzó su destrucción. Nunca antes se habían visto tan felices hombres y mujeres armados de picos y palas, acompañados de jarras de cerveza y botellas de champagne para celebrar el fin de un oprobio. Ese oprobio había sido levantado por el gobierno de Alemania Oriental, con apoyo soviético en 1961 para evitar la fuga de ciudadanos germano orientales del supuesto “paraíso socialista”.

En el Muro de Berlín se resumieron muchos de los males del socialismo “que realmente existió” y que podrían expresarse en el secuestro de la libertad, la ausencia de democracia y en la imposición de un sistema económico ineficaz por la fuerza. Ese muro fue levantado en tierra regada por la sangre de muchas personas que trataron de cruzar las alambradas previas escapando de ese “paraíso” que, en realidad, lo fue de un sistema represor, resultado de la imposición del sistema totalitario de partido único, con su brazo ejecutor, la Stasi.

El sistema socialista burocrático construido en la Unión Soviética e impuesto luego a los países de Europa central y Oriental ocupados por el Ejército Soviético en la Segunda Guerra Mundial, estaba enfermo de muerte desde más de una década atrás. En la segunda mitad de los 70’s se hicieron evidentes una serie de problemas en estas economías: 1) el crecimiento económico comenzaba a ralentizarse; 2) las economías de dichos países no lograban modificar un patrón de crecimiento extensivo basado en abundancia relativa de recursos energéticos y materias primas, a uno basado en la productividad y la eficiencia; 3) la producción de espaldas al mercado generaba bienes de muy baja calidad; 4) tecnológicamente se mantenía un retraso relativo frente a la Europa Occidental, 5) el nivel de vida de la población era considerablemente inferior al de sus vecinos; 6) en la medida en que comenzó a dinamizarse el comercio entre el Este y el Oeste en las condiciones del avance de la “coexistencia pacífica” y de la “detente”, los países “socialistas” de Europa Oriental comenzaron a acumular deudas en moneda libremente convertible y cuando estalló la crisis de la deuda por la subida de tipos de interés decretada en el gobierno de Reagan, empezó la debacle. Comenzaron los ajustes macroeconómicos, reducción de importaciones, caída de la producción, deterioro del nivel de vida.

En consecuencia, cobró mucha fuerza la oposición democrática que comprendía que la única forma de cambiar el estado de cosas era cambiando el sistema y ello reforzó la actividad opositora que tuvo su máxima expresión en la aparición del Sindicato Libre Solidaridad en los astilleros de Gdansk. Polonia fue la que marcó el inicio de una crisis que arrasaría con el sistema y que llevó primero a una cohabitación de gobierno entre los comunistas polacos y la oposición entre 1989 y 1990 (año en el que en las elecciones libres el Partido Obrero Unificado Polaco, POUP, fue literalmente barrido). La decisión de Hungría de abrir sus fronteras en mayo de 1989, inició la peregrinación de miles de alemanes, pasando por Checoslovaquia hasta Hungría para pasar a Austria y luego a Alemania Occidental, junto al asilo masivo de alemanes en las embajadas de la RFA. Mientras los alemanes del Este pasaban por Checoslovaquia, comenzaron las protestas pacíficas en este país que produjeron la renuncia de Gustav Husak y luego de Vasil Bilak. Las protestas en varias ciudades de Alemania Oriental en el mes de octubre (que siguieron a la vista de Gorbachov en la que la población vitoreó al líder soviético para disgusto de Erich Honecker), las protestas en Bulgaria y la renuncia de Todor Zhivkov, quien gobernaba el país desde 1954!, la destitución de Honecker y, al final, las protestas en Rumania, que llevaron a la ejecución de Nicolae Ceauçescu poco antes de fin de año, fueron una sucesión de acontecimientos en los que aquellos regímenes caían como se desploma un castillo de naipes.

En 1990, sucesivas elecciones libres en todos estos países barrieron del poder a los partidos “comunistas y obreros” de las llamadas “democracias populares” que no eran ni democracias ni populares. Mientras tanto, la URSS se caía a pedazos. Gorbachov intentaba reformar un sistema que demostraba ser irreformable. Se enfrentaba a una densa burocracia que se resistía a perder su hegemonía política y económica. Las repúblicas no rusas buscaban su propio espacio nacional. Y en agosto de 1991, cuando los conservadores del PCUS intentaron darle un golpe de Estado a Gorbachov, todo se fue a pique. Lo que vino después, es otra historia.

Hoy, la mirada distante de 30 años permite ponderar todo con sus luces y sombras. En Polonia, Kaczynsky y en Hungría, Orban, hacen de las suyas. Reducen las libertades, se apoltronan en el poder, reprimen a la oposición bajo las narices críticas pero poco efectivas de la Unión Europea, en Rusia, Putin se esfuerza por el restablecimiento de un Imperio Gran Ruso, sin tener las limitaciones formales del “respeto a las nacionalidades y pueblos” y no se detiene en cerrarle el camino a quien se le atraviese en el objetivo de perpetuarse en el poder. En Bielorrusia, Lukashenko gobierna como un mini-zar. En las antiguas repúblicas soviéticas en Asia Central los presidentes (antiguos líderes comunistas de dichas repúblicas) se han atornillado en el poder, algunos de ellos se han declarado Presidentes vitalicios y lejos de llevar la democracia a sus países, han impuesto regímenes de clanes y gobierno tribal que supuestamente habían sido destruidos por la Revolución Bolchevique.

En algunos países se ha alcanzado progreso y democracia, en otros progreso pero no democracia y en otros, ni progreso ni democracia. El sistema del socialismo burocrático solo podía sostenerse por la represión, pero incluso ésta tiene un límite que es cuando, usando las palabras de Lenin, los de abajo no quieren seguir viviendo como viven y los de arriba no pueden seguir viviendo a la antigua (La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo).

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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