Historia

A 31 años de la matanza de Tian An Men

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El 4 de junio de 1989, tanques del llamado «Ejército Popular de Liberación» de China entraron en la Plaza de Tian Anmen y sofocaron con fuego y sangre las protestas populares que llevaban dos meses pidiendo democracia.

El origen de las protestas fue el fallecimiento del Hu Yaobang (1915-1989). Hu había sido Presidente del Comité Central (CC) del Partido Comunista Chino (PCCh) entre 1981-82 y Secretario General del CC del PCCh (se había suprimido el cargo de Presidente) entre 1982 y 1987. Había sido uno de los principales colaboradores de Deng Xiaoping (junto a Zhao Ziyang) en el proceso de reformas económicas que ha permitido convertir a China en la potencia que es. En aquel entonces, Deng, aunque no tenía ninguno de los cargos principales del país (era Presidente de la Comisión Militar Central) tenía el poder efectivo y Hu y Zhao aparecían como sus herederos aparentes en la conducción del país, dada la avanzada edad de Deng.

Hu, como Deng, había sido represaliado durante la llamada Revolución Cultural Proletaria, a través de la cual Mao consolidó su poder personal y usando el estilo de las purgas stalinistas derrocó a sus opositores reales y potenciales, pero con el apoyo de Zhou Enlai, entonces Primer Ministro de China y del propio Deng, volvió al CC en el X Congreso del PCCh y después de la derrota de la llamada Banda de los Cuatro pasó a la primera fila de dirigentes de China, apoyado por la llamada Vieja Guardia (Ye Jiangying, Li Xiannian, Chen Yun, Peng Zhen, Yang Shangkun y otros y reemplazó a Hua Guofeng en la dirección del PCCh.

El «pecado» de Hu Yaobang fue pretender la democratización de la sociedad china. Él comprendió que no era suficiente producir una reforma económica que le apuntara al mayor bienestar de la sociedad china, sino que resultaba imprescindible la democratización de la sociedad para hacer de China un país moderno, próspero, pacífico e incluyente. Los recelos de los líderes comunistas chinos respecto a la democracia llevaron a la renuncia de Hu en 1987. Sin embargo, no fue expulsado del Partido e incluso se mantuvo como miembro del Buró Político. Fue reemplazado por Zhao Ziyang, a la sazón Primer Ministro, como Secretario General del PCCh, lo cual permitió que el balance de poder dejara de estar claramente a favor de las reformas, porque su sucesor como Primer Ministro fue el conservador Li Peng.

Cuando Hu falleció, los estudiantes se congregaron en Tian Anmen, para honrar su memoria y de paso, comenzaron a manifestarse en pro de la democracia. A ellos se unieron trabajadores, profesores y ciudadanos en general. En pocos días, la plaza estaba llena de gente pidiendo democracia.

No cabe dudas que las reformas económicas en China han sido muy profundas y han conducido a un incremento significativo del bienestar de la sociedad. Es verdad que ha aumentado la desigualdad, pero la inmensa mayoría de la sociedad vive hoy mucho mejor que en los años del «maoísmo». El igualitarismo de los tiempos de Mao era el igualitarismo de la pobreza generalizada pero las reformas, a pesar de aumentar la desigualdad, han permitido un incremento notable del nivel de vida de toda la sociedad. En 1970 el PIB per cápita a precios constantes de 2015 era de 280 dólares anuales, pero en 2018 había alcanzado los 9.369 dólares anuales.

Pero desde el punto de vista político, China sigue siendo un régimen totalitario, en el que gobierna el Partido Comunista, que tampoco es democrático en su interior. Una casta de burócratas se ha atornillado en el poder y recientemente, Xi Jinping ha logrado eliminar la restricción de dos períodos en el desempeño del poder, algo que había instaurado Deng Xiaoping para tratar de evitar el poder personal de una sola persona, tal y como existió en tiempos de Mao Zedong.

China es hoy una sociedad bajo un gobierno totalitario y autoritario, pero con un inmenso poder económico porque es el primer exportador mundial de bienes, el país con mayor nivel de reservas monetarias internacionales y además, aprovecha muy bien el espacio que le deja libre en el mundo la errática política exterior de Donald Trump en Estados Unidos.

Las manifestaciones en Hong Kong y la respuesta brutal china que además acaba de adoptar una ley de Seguridad Nacional para la ex-colonia inglesa son una muestra de las tendencias políticas que cabría esperar en China en los próximos años, fortaleciendo su sistema totalitario y autoritario.

El uso del Ejército para reprimir a los manifestantes de hace 31 años en Beijing y que causaron muchísimos muertos (las fuentes estadísticas no se ponen de acuerdo en cuántos realmente murieron) es hoy pedido por Trump en un país democrático y ante protestas que han estallado por otras razones (además del caos desatado por la delincuencia para lo cual no hace falta el Ejército). Afortunadamente, las instituciones estadounidenses no pueden ser vulneradas de esa forma por un gobernante autoritario que desprecia la democracia. Los chinos no tuvieron esa suerte en 1989, porque el paladín de la reforma económica, Deng Xiaoping, aceptó las presiones de sus colegas conservadores que estaban dispuestos a cambiar la economía, pero no a permitir las libertades ciudadanas y el establecimiento de un sistema democrático.

Zhao Ziyang, que estaba de visita en Corea del Norte, regresó de prisa a Beijing y trató de evitar la matanza. Incluso fue a Tian Anmen a hablar con los manifestantes. Se enfrentó a quienes querían masacrar al pueblo usando el útil fantasma de los «enemigos del pueblo», pero fue derrotado. No contaba entonces con el apoyo de Deng y fue destituido. A pesar de que no se le juzgó, vivió el resto de sus días en prisión domiciliaria, donde escribió sus memorias secretamente y las logró sacar de su casa en un esfuerzo que bien valdría quedar reflejado en un filme. Fueron publicadas después de su muerte, ocurrida en 2005 por decisión propia. Son el testimonio de los intentos de establecer un socialismo democrático, algo que debería ser consustancial al sistema como escribiera en su tiempo Rosa Luxemburgo. Pero los intereses de grupo, los inmensos beneficios de la corrupción y el inmenso poder que puede lograrse cuando no se rinde cuentas por el ejercicio del mismo, llevan a quienes lo detentan a defenderlo con dientes y garras porque en ello le va la posibilidad de usufructuar los beneficios del trabajo de los demás.

Autor

Nací en La Habana, Cuba, el 1 de abril de 1958. Vivo en Cali, Colombia desde 1989. Estudié Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana e hice mi Doctorado en Economía Internacional y Desarrollo en la Universidad Complutense de Madrid, España. Actualmente soy Profesor Titular del Departamento de Economía y Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Desde 1990 trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, en la que me desempeñado como Director del Departamento de Economía entre 1995 y 2002 y entre 2006 y 2012. En 1989, al llegar a Colombia, fui profesor en la Universidad de San Buenaventura de Cali. Entre 1984 y 1988 trabajé como Investigador de Mercados Internacionales en el Fondo Cubano de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura de Cuba y entre 1981 y 1984 fui Investigador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial de La Habana, Cuba. Mis intereses intelectuales abarcan un amplio espectro de temas que van desde problemas relacionados con la economía política internacional, la historia económica mundial, la historia del pensamiento económico, la política económica y los modelos de desarrollo hasta aquellos relacionados con la cultura y las artes, especialmente, la ópera, el ballet, el cine, el teatro, la literatura y las artes visuales. Este blog estará dedicado a mis temas de interés, así como a la difusión de mis notas de clase para mis cursos en la universidad.

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